Cuando te pienso se desatan atractores extraños,

mi cuerpo se desplaza,

se hace trizas en todas direcciones para encontrarte.

Y así vuelvo a nacer cuando te abrazo.

En el microclima de tu piel

mis briznas se conjugan con verbos desconocidos,

se recomponen

lejos de las palabras párvulas y huérfanas.

 

Así vuelvo a nacer

con los poros imantados de ti.

Tu piel tira de ellos en la distancia.

Hundo mis pies en tu océano,

me abandono a la química de las pasiones,

y a un solo movimiento tuyo

se ordenan mis hormonas, mis células, mis glándulas,

en el concierto del deseo sin ataduras

 ni sintaxis.

Y creo más en ti

que en el silencio sobrecogido de las catedrales.

Contigo sobrepaso el umbral de todas las incertidumbres,

en ti el cobijo, el dintel,

mi bóveda, mi ménsula, mi arquitrabe gozoso,

me edificas, me construyes, me sostienes.

 

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Amalia Iglesias