Como la araña hembra devora al macho

en la noche tejida,

así quisiera que cayeras

a la hora exacta del deseo.

 

Y así solos haremos el rito dionisíaco del amor

sin importarnos que las campanas callen,

que el viento gima con su quilla quebrada,

que las gaviotas pierdan su brújula en los mares

y la noche se estrelle en un alba imprevista.

 

Nosotros entre tanto

estaremos levantando un mundo tejido a besos

bebiendo a bocanadas tú mi azúcar

yo tu sal,

para después en la húmeda arena del placer

reinventar el deseo

porque siempre habrá una piel nueva,

otra saliva dulce para beber los labios

y la verdad de la carne hecha verbo

en la palabra amor.

 

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Beatriz Zuluaga