Ante el mar mi cuerpo a la deriva.

Me siento mínima, imperceptible, exigua.

Sobrecogida y conmovida en la corriente,

comienzo a imaginar mi propio mundo,

mi propia percepción de los otros,

extraños a mi alrededor.

 

Imagino un mundo vacilante, confuso,

lejano, onírico,

producto de mi fantasía.

 

Imagino un ser humano distante, frío,

indolente y mínimo en su afán

de dominarlo todo.

 

Imagino mi YO en el mundo real.

Me siento extraña

 

Extraordinariamente pequeña.

Mar y gris me envuelven.

 

Empequeñecidos somos

más vulnerables y humildes.

 

Pienso en lo que queda la dimensión humana

ante un mar casi infinito

e infinitamente poderoso.

 

Empeñados en dominar lo indómito,

acabamos convertidos en una breve

y difusa mancha borrosa

que gobierna el horizonte y la escena.

 

Sólo es real lo contiguo a mí hasta respirarlo.

 

El resto se diluye en el frío y la distancia.

Mínimos. Cada uno lo aborda en su modo.

 

Corriendo, esperando, pensando, amando,

...siempre dueños del momento, nunca del entorno.

 

Inesperadamente lo entiendo. 

Sólo nos queda el instante vivido.

 

El mar siempre tendrá la última palabra.

 .

Susana Girón