El pueblo donde ocurrirá la tragedia se llama Ciervo Dorado.  Alguien, alguna vez, ha visto un ciervo en el monte, y el ciervo, dijo, era dorado. Y no dijo más. O tal vez algo mas dijo, ya que, según suelen sugerir algunos escasos memoriosos, algo dijo sobre las dimensiones del animal, algo que había transpuesto los años y había cristalizado en una frase magra que  contenía la palabra enorme.

 

¿Sólo eso bastaba a los habitantes de ese pueblo para saciar la sed que impulsa a los hombres a la búsqueda de los orígenes, al punto primero, a la perfecta certeza a partir de la que todo surgimiento es posible; esa certeza que permitirá tolerar lo intolerable , es decir , las infinitas incertezas que asedian a lo largo de una  vida?...

 

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José Pablo Feinmann

Extracto de  "El Mandato"

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