El sol
En algún lugar de Pennsylvania, Anne Merak trabaja como ayudante del sol.
Ella está en el oficio desde que tiene memoria. Al fin de cada noche, Anne alza sus brazos y empuja al sol, para que irrumpa en el cielo, y al final de cada día, bajando los brazos, acuesta al sol en el horizonte.
Era muy chiquita cunado empezó esta tarea, y jamás ha faltado a su trabajo.
Hace medio siglo, la declararon loca. Desde entones Anne ha pasado por varios manicomios, ha sido tratada por numerosos psiquiatras y ha engullido muchísimas pastillas.
Nunca consiguieron curarla.
Menos mal.
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Eduardo Galeano
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de Bocas del tiempo

He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace.






honrarlavida dijo
Nunca consiguieron curarla, menos mal...
Recuerdo unos versos del Padre Lebret:
¡Dios mío! Enviadnos algunos locos,
de aquellos que se comprometen a fondo,
de aquellos que se olvidan de sí mismos,
de aquellos que saben amar con obras y no con palabras,
de aquellos que se entregan verdaderamente y hasta el fin.
Rosana: qué bonito tu post!!!
Tal vez hagan falta los locos, ya que los cuerdos pierden la razón, saben que la pierden y no les importa perderla.
Un beso
7 Septiembre 2009 | 03:44 PM