En algún lugar de Pennsylvania, Anne Merak trabaja como ayudante del sol.

Ella está en el oficio desde que tiene memoria. Al fin de cada noche, Anne alza sus brazos y empuja al sol, para que irrumpa en el cielo, y al final de cada día, bajando los brazos, acuesta al sol en el horizonte.

Era muy chiquita cunado empezó esta tarea, y jamás ha faltado a su trabajo.

Hace medio siglo, la declararon loca. Desde entones Anne ha pasado por varios manicomios, ha sido tratada por numerosos psiquiatras y ha engullido muchísimas pastillas.

Nunca consiguieron curarla.

Menos mal.

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 Eduardo Galeano

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de Bocas del tiempo