La abandonada
Aún no hace mucho tiempo,
cuando el mundo era un vidrio
del color de la dicha,
no un puñado de arena,
te mirabas en alguien igual que en un espejo
que te embellecía.
Era como asomarte a las veloces aguas
de las ilimitadas indulgencias
donde se corregían con un nuevo bautismo los errores,
se llenaban los huecos con una lluvia de oro,
se bruñían las faltas,
y alcanzabas la espléndida radiación
que adquieren hasta en la noche los milagros.
Imantabas las piedras con pisarlas.
Hubieras apagado con tu desnudez
el plumaje de un ángel.
Y algo rompió el reflejo.
Se rebelaron desde adentro las imágenes.
¿Quién enturbió el azogue?,
¿quién deshizo el embrujo de la transparencia?
Ahora estás a solas frente a unos ojos de tribunal
helado que trizan los cristales,
y es como si en un día la intemperie
te hubiera desteñido
y el cuchillo del viento hecho jirones
y la sombra del sol desheredado.
No puedes ocultar tu pelambre maltrecha,
tu mirada de animal en derrota,
ni esas deformaciones que producen
las luces violentas en las amantes repudiadas.
Estás ahí, de pie, sin indulto posible,
bajo el azote de la fatalidad,
prisionera del mismo desenlace
igual que una heroína en el carro del mito.
Otro cielo sin dioses, otro mundo al que
nadie más vendrá
sumergen en las aguas implacables
tu imperfección y tu vergüenza.
.
.
Olga Orozco
.








Rosana dijo
Olga Orozco
Argentina
1920 - 1999
Olga Orozco nació en Toay, La Pampa, el 17 de marzo de 1920. Sus primeros años transcurrieron entre aquella población y Buenos Aires. En 1928, la familia se trasladó a Bahía Blanca, donde Olga se aficionó al mar, tema recurrente en su obra.
En 1936 se instaló en Buenos Aires, donde se recibió de maestra. Allí conoció a un grupo de colegas (más tarde calificado como la generación del 40) que cultivaban el surrealismo y fundaron la revista Canto.
Olga tuvo la oportunidad de viajar por países de América y Europa. Trabajó en el periodismo utilizando numerosos seudónimos.
Sus poemas atraían a poetas de las nuevas generaciones, que con frecuencia en homenajes y recitales rodeaban a Olga y la aclamaban, atraídos por sus textos, sin duda, pero también por su seductora personalidad. Leía inmejorablemente y, gracias a esa virtud, sus recitales resultaban espectáculos que encendían el entusiasmo del público.
Entre los premios que recibió destacan: el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, el Premio Municipal de Teatro por una pieza inédita titulada Y el humo de tu incendio está subiendo; el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes, el Premio Gabriela Mistral, otorgado por la OEA y el Premio Juan Rulfo que recibió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 1998.
La muerte, el tiempo, lo sagrado, el consuelo a través e la palabra fueron rasgos fundamentales de su poesía y que se advirtieron ya desde su primer libro, Desde lejos (1946), y se confirmaron en los siguientes: Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962), Museo salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977), Mutaciones de la realidad (1979), La noche a la deriva (1984), En el revés del cielo (1987), Con esta boca, en este mundo (1994) y la antología Relámpagos de lo invisible (1998).
Olga Orozco murió en Buenos Aires a los 79 años, el 15 de agosto de 1999.
13 Julio 2009 | 09:47 PM