El diagnóstico y la terapéutica
El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas.
A los enfermos, cualquiera nos reconoce.
Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o en el trago.
Se puede provocar, pero no se puede impedir.
No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada.
El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas.
No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.
.
.
Eduardo Galeano
de El libro de los abrazos
.
He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace.









gaomy dijo
Es una delicia leer a Eduardo Galeano, gracias por recordarmelo en este domingo levitico, yo prefiero su texto Amares:
Nos amabamos rodando por el espacio y eramos una bolita de carne sabrosa, una sola bolita caliente que resplandecia y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caia suavemente caia, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada...
Un beso Rosana, feliz domingo.
28 Junio 2009 | 11:42 PM