Ser y no, parecer.

Hablar con todas las palabras.

Entregarse entero a los riesgos y derribar todas las murallas.

Satisfacer el instinto que te lleva a vencer.

Comprender que el amor y la soledad son los bienes más preciados que tiene un ser humano, uno para conocerse y el otro, para crecer.


No escatimar los abrazos ni las sonrisas.

Vivir cada día a pleno.

Caminar por lugares nuevos siempre, aún, cuando los vientos soplen en contra y las predicciones sean nefastas.

Vencer sin red, y contemplar los trofeos en silencio, desde lo alto, pero con la humildad necesaria de no sentirse superior a nadie.

Desprenderse de la cuerda, desatar el peso que nos tiene en el fondo.

 

Cambiar la historia, reír en la lluvia y cantar al cielo.

Desear lo inesperado, y manejar elegantemente la rutina.

Tener un centro y saber quién es cada uno.

 Mirarse y conocerse. Contemplarse y sonreír.

 
Porque todos somos vencedores, todos lo que caminamos días tras días tras una meta, un sueño.


Todos, somos vencedores ...

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(Desconozco al autor)
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