Calcaré miradas

contra los besos del alma

con el papel sedoso de la sensación.

.

Calcaré las alas de pájaros dormidos

para que se eleven tras la ofrenda labial

de nuevos despertares.

.

Calcaré los años antes de secarse en llanto

por la última mañana

remarcando intensamente al amor

entre paréntesis.

.

Calcaré pasiones de veranos ardientes

derritiendo sexo sobre la playa húmeda

de un vientre silencioso

ante el desnudo audaz de las estrellas.

.

Calcaré el verbo amar renaciendo

en un puerto con eternas caricias

pasajeras cautivas en la barca del deseo,

que flotan sin tiempo

hacia el cálido templo de acuarelas despiertas

y de múltiples cirios encendidos.

.

Calcaré un poema,

con la maternidad de mis manos

y la perfumada inspiración alojada en mis retinas.

.

Seré el nido de abrazos y latires,

goce indeleble de amores sin piel

y un nombre, solo un nombre escrito al pie,

que jamás dejará que lo calque la muerte.

 

.

M. Acosta