Tan cerca, tan lejos
NOTA : Se que es largo pero creo que vale la pena leerlo
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Hoy en día se puede hacer de todo sin salir de casa: pedir comida, alquilar películas, comprar pasajes de avión, trabajar, conocer gente o al amor de tu vida. Mirando la tecnología con este cristal, no se podría decir que es un mal de estos tiempos o que aleje a las personas de sus afectos. Sin embargo, ciertos abusos pueden llevar a la dependencia, o a otros trastornos personales. Laura conversa, a través de su mensajero favorito, con ocho personas a la vez. Mueve con rapidez sus manos entre el teclado y el mouse. A menudo pierde el hilo de la conversación o escribe erróneamente en una de las ventanas que emergen velozmente en su pantalla, logrando una perfecta incomunicación. Es importante la calidad de la comunicación y del mensaje. Vale mucho más un minuto de atención completa, que muchos diálogo veloces y sin sentido. El picazón del primer encuentro. La intriga y los nervios en la era digital ... Cuando Martín bajó del colectivo y recorrió los metros que lo separaban del lugar de encuentro con Soledad, las piernas le temblaban. No conocía su cara, ni su voz, pero cuando la vio todo pasó como en un suspiro. Ella llevaba la remera blanca y el vestido negro, tal como lo había prometido el día anterior en un e-mail. Él no necesitó saber nada más para reconocerla. Ambos estaban por empezar una noche para recordar. Mensajes de texto que no llegan en las fiestas. Redes colapsadas. Caricias por celular. Un te quiero por chat. Besos por fibra óptica, contactos y conflictos virtuales, lágrimas de metal ... Las penas de amor también pasan por la tecnología de hoy ... ¿Cuántas veces esperaste que se ponga online? ¿Cuántas noches pasaste en vela por un teléfono que no sonó? ¿Cuántas palabras desperdiciaste en un contestador? Entre la telefonía móvil y la fija, estamos cerca de tener un teléfono por habitante. Siete de cada diez argentinos tiene celular y la tendencia sigue en alza. Sin embargo, ¿Cuántos realmente saben comunicarse con los demás? ¿Será sólo cuestión de marcar el número correcto o de conocer lo que siente el que está del otro lado? Florencia eligió un mensaje de texto como medio para poner punto final a la corta historia que vivió con Agustín. A pesar del poco tiempo compartido, Agustín estaba entusiasmado y un hielo lo recorrió al leer el mensaje en la pantalla de su teléfono y ni siquiera pudo decir adiós. Pero en el fondo, cuánta diferencia hay entre esa despedida y la que tuvieron un siglo atrás Victoria y Ricardo, cuando Victoria selló la relación con un frío adiós en una carta que ni siquiera firmó. “Quiero cuentos, historietas y novelas pero no las que andan a botón. Yo las quiero de la mano de una abuela que me las lea en camisón.” (M. E. Walsh - Marcha de Osías)
Con esas palabras justas, María Elena Walsh le puso letra y música a lo que nunca podrá reemplazar la tecnología: el afecto, la ternura y ese 'qué sé yo' que tiene el saber que algo es de verdad, de carne y hueso, con sus imperfecciones y sus sentimientos. Ningún mouse puede reemplazar las caricias de mamá, ningún teclado tendrá nunca la textura de las arrugas de la abuela, no habrá sitio de internet que pueda dar los abrazos de papá. Hay estudios que predicen que una de cada diez personas que utilizan internet pueden sufrir una “ciberadicción” En el largo camino recorrido por la raza humana, se han dado distintas dependencias hacia distintas cosas, tanto en un plano psicológico o físico. Este abuso de ese “algo” a menudo termina afectando sus relaciones con el resto de las personas y especialmente con sus afectos. La incapacidad de controlar el vínculo con ese “algo” que le genera dependencia es lo que determina la adicción. Todo lo que se usa o consume en exceso, puede ser malo. Desde la comida hasta los hábitos que pueden llevar al aislamiento. Quizás también habría que señalar como antecesores de esta llamada ciberadicción a los lo que pasaban horas frente a un televisor o frente a las primeras consolas de juegos. Y el problema vuelve a ser la dependencia emocional, que seguramente, tendrá que ver con alguna falta de contención en los afectos. Quizás la siguiente historia retrate un poco hasta donde se puede llegar con el mal uso de la tecnología: La percepción de las cosas Te veo sentado a oscuras en el mismo sillón donde tejimos sueños de amor. Una tenue luz apenas ilumina tu cara, me acerco para acariciarte y siento que un témpano me recorre los dedos. Tus ojos están clavados en la pantalla, siguiendo cada una de las figuras, esperando que pase algo. Tu boca entreabierta parece querer decir algo, pero las palabras mueren antes de salir. Tus dedos se mueven con inusitada rapidez, tu cuerpo se contrae y tus pies se mueven a un ritmo demencial. No entiendo bien lo que pasa en esa pantalla, ni lo quiero entender. A veces pienso si hombre y máquina se han fusionado o si sólo eres un diminuto engranaje de metal que la hace funcionar. Ya no hacemos largos viajes a las montañas para esquiar, ni visitamos las playas para relajarnos en el mar. Ahora vives dentro de esa caja de cristal que te sumerge en un mundo irreal. He pasado largas horas de mi vida intentando encontrar una razón, imposible misión para un ser tan básico como yo. Tal vez yo he perdido la razón o sólo me haya superado la inmensa soledad de no tenerte cuando estás a mi lado. Compré un sillón más amplio. Lo suficiente para los dos. Conecté un equipo al lado del tuyo y comencé a probar. Ahora estamos mucho más unidos que antes. Quizás sea la aceptación, el miedo al cambio o simplemente el amor que aún nos une a los dos. Ya no necesitamos abrir la boca para hablar, hay modernas salas de chat para cuando nos queremos comunicar. No importa que estemos uno al lado del otro, ahora nuestra comunicación es así. La cocina ha dejado de funcionar, comprar la comida hecha es mucho más práctico. Hemos encontrado trabajo virtual que nos permite quedarnos aquí. No hay necesidad de salir. Ahora sólo vemos el mundo a través de este cíclope de cristal. Y a decir verdad, no es tan malo como me parecía. Es sólo cuestión de probar. Una cara que sólo se recuerda en fotos, una voz que se escucha con un eco lejano y un lugar siempre listo en la mesa, esperando el retorno de quien nunca partió del corazón ... Santiago, el hermano de Pablo, vive hace años en Madrid. Las fiestas de fin de año siempre eran un momento de recuerdos y alguna lágrima se le escapaba a Pablo cuando hablaba unos pocos minutos por teléfono con su hermano. Las lágrimas se multiplicaban cuando mamá Rosa tomaba el tubo y le recordaba cuanto lo extrañaba. Esta fue la primer Navidad que toda la familia volvía a estar unida en la mesa, en el lugar donde antes se sentaba Santiago colocaron una moderna Computadora portátil con webcam. Y después de muchos años todos se pudieron ver las caras a la hora de brindar. Lo que no se pudo evitar son las lágrimas de mamá Rosa, al ver la cara de sus dos hijos al alzar las copas. Aunque parezca un cuento de ciencia ficción, tiene mucho de real. No es la tecnología lo que nos acerca o nos aleja. Es nuestra propia naturaleza humana la que actúa. La tecnología no es un señor que viene y nos ata de pies y manos, ni una señora que nos trae manjares en platos de cristal, es una herramienta que puede ser utilizada de una forma o de otra. La tecnología no es mala o buena, es un medio para llevar a cabo algo, un instrumento que puede ser usado y está en nosotros saber el modo.
Desconozco al autor
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Fuente : Psicofxp
He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace.








abril-ale dijo
Cuanta verdad hay en este artículo. Yo misma paso poco tiempo con mi familia por estar conectada a la computadora. Llego del trabajo directo a la pc, los días q tengo clases por la noche es igual, apenas llego, corro a la pc. Cuanta razón tienen los que nos reclaman por este motivo. Y sí, el problema es el abuso, el problema está en nosotros.
Amiga, gracias por compartir este artículo...besos.
24 Febrero 2009 | 08:27 PM