Si la verdad se vuelve una mentira,

si se vuelve dolor la dicha aviesa,

si se vuelve alegría la tristeza

con sus falsas promesas cuando expira.

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Si la virtud a la cual en vano aspira

mi vida frustra la habitual promesa,

si el corazón de odio o de amor me pesa

y al helarse cual mármol, aún suspira.

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Si no pude enmendarme al recibir

la ingratitud de los que más he amado

ni pude ensombrecerme al eximir

de mi cariño a los que me han colmado.

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Será porque los dioses me han herido

del inocente horror de haber nacido.

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Silvina Ocampo