Llueve muerte.

En el moridero caen los colombianos por bala o por cuchillo,

por machetazo o por garrotazo,

por orca o por fuego,

por bomba del cielo o por mina del suelo.

En la selva de Urabá, en alguna orilla de los ríos Pererancho o Peranchito, en su casa de palo y palma, una mujer llamada Eligia se abanica contra el calor y los mosquitos, y contra el miedo también.

Y mientra el abanico aletea, ella dice, en voz alta:

-que rico sería morir naturalmente.

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Eduardo Galeano

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de “Espejos”