Hace 32 años, en Villa Urquiza, la Iglesia argentina sufría el peor crimen de su historia

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Nunca más

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El 4 de julio de 1976 fueron asesinados a sangre fría tres sacerdotes y dos seminaristas en la Parroquia San Patricio, ubicada en Estomba y Echeverría. A treinta y dos años del violento atentado sufrido por el clero, y para honrar la memoria de sus cinco víctimas, aquí se recuerdan los hechos.

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Por Daniel Marcovecchio

dmacovecchio@periodicoelbarrio.com.ar

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Los sacerdotes palotinos Alfredo Leaden (57), Pedro Dufau (67), Alfredo Kelly (43) y los seminaristas Salvador Barbeito (29) y Emilio Barletti (23) fueron asesinados una fría madrugada del 4 de julio de 1976 en la Parroquia San Patricio, de Villa Urquiza. A 30 años del mayor atentado sufrido por la Iglesia Católica argentina en toda su historia, el crimen sigue impune y sus responsables en libertad. El Barrio se entrevistó con miembros de la comunidad palotina en el mismo sitio dónde tres décadas atrás ocurriera el siniestro episodio. El objetivo fue ampliar la investigación periodística del caso con miras a develar cada misterio irresuelto, a disolver todas las preguntas sin respuestas. El estigma quedará registrado en la memoria colectiva como una de las peores consecuencias que la dictadura militar trajo consigo.

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Cinco historias, un destino

“A lo largo del día he estado percibiendo el peligro en que está mi vida. Por la noche he orado intensamente, al finalizar no he sabido mucho más. Creo sí que he estado más calmo y más tranquilo frente a la posibilidad de la muerte. Lloré mucho, pero lloré suplicando al Señor que la riqueza de su gracia que me ha dado para vivir acompañara a aquellos a quienes he tratado de amar (...) Y mi muerte física será como la de Cristo, un instrumento misterioso...”. Así relataba el padre Alfredo Kelly, en su diario personal, el tormentoso momento por el que estaba pasando tres días antes de morir. Ya se sentía vigilado, amenazado.

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Alfie Kelly nació en Suipacha, provincia de Buenos Aires. Ingresó a la comunidad Palotina de Mercedes siendo adolescente. Años de estudios en diversos sitios le dieron la oportunidad de ser párroco en San Patricio desde 1966 a 1973 y director del instituto desde esa fecha hasta su trágico asesinato. El objetivo primordial del Padre Kelly consistió en educar a los jóvenes en la dirección espiritual correcta.

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Por su parte, el sacerdote Alfredo Leaden vivió de joven en San Antonio de Areco, donde conoció su vocación religiosa. Viajó a Roma a realizar cursos de Teología, pero al llegar la Segunda Guerra Mundial debió viajar por Europa con el fin de regresar hacia Argentina. Quienes lo conocieron manifiestan que se trataba de una persona sumamente amable y sensible.

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El padre Pedro Dufau nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires, quedó huérfano de pequeño y estudió en el colegio San Patricio como pupilo. Realizó el noviciado en Thurles, Irlanda. Luego viajó a Roma para hacer estudios superiores. Allí obtuvo la ordenación sacerdotal, para más tarde regresar al país que lo vio crecer.

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Salvador Barbeito deseaba fervorosamente llegar al sacerdocio, pero sus ansias fueron interrumpidas por los asesinos. Nació en Pontevedra, España, pero a los tres años viajó junto a sus padres a Argentina. Ingresó como seminarista en la Parroquia Santa Lucía y posteriormente en la Natividad de la Santísima Virgen. Realizó numerosos trabajos apostólicos, en su mayoría en la Parroquia de San Patricio, en Villa Urquiza.

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Sólo 23 años tenía Emilio Barletti cuando encontró la muerte de forma violenta. Nació en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, y perdió a su padre a los dos años. En el colegio secundario acudió al Nacional Hipólito Vieytes; figuró en el cuadro de honor por obtener el mejor promedio y ser considerado el mejor compañero. Ingresó como aspirante en la Sociedad del Apostolado Católico, que nunca llegó a culminar.

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Ellos se quisieron unir en uno sólo para que el mundo crea.

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Cinco luces y un camino.

La alfombra roja se erige como único testigo, mancillado por los disparos.

Mientras los culpables estén en libertad, las almas de los religiosos seguirán buscando paz. La serenidad que no encontraron en esta tierra.

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Los acontecimientos

El 30 de junio de 1976 un nervioso miembro de los servicios secretos comenzó a hacer preguntas a los vecinos de la Parroquia San Patricio, ubicada en Estomba y Echeverría.

El 1 de julio los curas Alfredo Leaden, Pedro Dufau y Alfredo Kelly se enteraron de que algo no andaba bien. Armarios abiertos y cajones revisados presagiaban lo peor.

Corría el 3 de julio. De los altos salones del Arzobispado de Buenos Aires enviaron un emisario a la parroquia de la comunidad palotina con órdenes estrictas para los curas y seminaristas. Pero ellos no estaban allí. El enviado fue recibido por la secretaria parroquial, quien explicó que las personas buscadas no se encontraban en el templo.

-Traigo un mensaje urgente.

-Dígame, que yo se los comunicaré apenas los vea.

-Debo encontrarlos -dijo el emisario y sin mediar palabra salió deprisa de la secretaría clerical.

El enviado nunca los encontró. Los cinco regresaron de sus tareas ya de noche. Cansados por el trajín diario, se dirigieron a sus habitaciones para dedicarse al reposo.

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Las investigaciones suministradas por la CONADEP, registradas en el informe Nunca Más y ratificadas en el juicio a las Juntas Militares, manifiestan que en el barrio de Núñez un grupo de tareas de la Escuela Marítima de la Armada Argentina (ESMA) salía presuroso con un destino cierto y letal. Asesinar a un grupo de guerrilleros, quienes podrían estar vinculados con sacerdotes de la Parroquia San Patricio. Según Eduardo Kimel, autor del libro La Masacre de San Patricio, investigación periodística de gran profundidad, reconoce que el método utilizado por las fuerzas de seguridad para este episodio llama la atención por la violencia desatada. En aquellos tiempos se recurría en forma común al secuestro y desaparición de las personas sospechadas, pero difícilmente al asesinato llano y liso. Es posible pensar que se trató de un mensaje de disuasión, tal vez, para otros miembros del culto religioso o laico.

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En las páginas de ese libro, Kimel relata que -según vecinos de la parroquia- en la madrugada del 4 de julio de 1976 se vio a dos autos marca Peugeot 504 estacionados con personas dentro en actitud sospechosa. Estos testigos comentaron que ante la presencia de gente extraña habían llamado a la comisaría más cercana. Casi media hora después, un patrullero de la seccional 37ª se detuvo sobre la calle Estomba al 1900 y pidió las identificaciones de los ocupantes de los vehículos. Estos le habrían dicho textualmente a uno de los policías: “Si escuchás cohetazos no salgas porque vamos a reventar la casa de unos zurdos. No te metas porque te pueden confundir”. Minutos más tarde, los ocupantes de los vehículos descendieron con armas en su poder. Al poco tiempo regresaron y huyeron sin miramientos.

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Kelly recibió 15 disparos, Leaden 9, Barbeito 18 y Barletti 23. Del padre Dufau no existen registros de cuántas balas fueron disparadas sobre él.

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En el libro El honor de Dios, de Gabriel Seisdedos, se narra que a las ocho de la mañana de ese mismo día Rolando Savino, de 16 años, organista de la iglesia y vecino del lugar, acudió a la parroquia. Notó que todo estaba demasiado silencioso; una quietud anormal y mortal rondaba por las calles del tranquilo barrio. Celia Harper, ayudante de los curas, tocó timbre en la secretaría minutos antes y nadie había atendido. Alarmado, Savino decidió ingresar a las habitaciones de los religiosos por una ventana trasera y llamó a viva voz, pero sólo Inca, la perra perteneciente al padre Nelly, vino a su encuentro. Entró a la habitación y descubrió con terror lo que había sucedido. Los cinco habían sido masacrados.

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Sobre una pared, una inscripción en tiza blanca rezaba: “Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal” y debajo “Viva la patria”. También había un póster de Mafalda, quien decía, señalando al machete de un policía: “¿Ven?, este es el palito de abollar ideologías”. Completaban la escena el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina y sobre la alfombra roja, donde estaban los cuerpos sin vida, otra frase: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM”, en alusión al movimiento de sacerdotes tercermundistas.

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Un detalle digno de mención es el que se encontró en el acta policial labrada en la seccional 37ª de la Policía Federal. Allí se mencionaba, entre los fallecidos, a un tal Emilio Neira en lugar del seminarista Emilio Barletti. Un extraño error. Y de gran magnitud, al tener en cuenta que al lado de los cuerpos sin vida se encontraban los documentos de identidad de cada una de las víctimas.

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Las hipótesis

El por qué del asesinato de los curas palotinos todavía es una incógnita. Mucho se ha dicho, preguntado e insinuado, pero poco se ha corroborado.

Para la primera hipótesis que se puede elaborar hay que remontarse a mediados de 1967, durante final del gobierno Arturo Illia y comienzos de la presidencia del general Alejandro Lanusse, cuando un grupo de obispos -18 para ser exactos- irrumpieron en la escena política. Conocidos como el Movimiento Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), y alarmados por la situación social y económica que desarrollaban las sucesivas presidencias en los países subdesarrollados, decidieron formar una organización con bases eclesiásticas pero involucrada en las actividades cívicas. Estos líderes fueron acompañados en su accionar por una gran cantidad de curas y seminaristas, quienes apoyaron el ideario surgido en el Concilio Vaticano II, enunciado en 1962 por el Papa Juan XXIII, impulsor de una renovación generalizada en la Iglesia Católica mundial.

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En Argentina este movimiento, que duró aproximadamente hasta 1977, creció y se desarrolló con muchas devociones y no menos odios. Al llegar a la década del 70 se lo vinculó a otro movimiento cercano al peronismo de izquierda, llamado Montoneros. Personas como los padres Enrique Angelelli y Carlos Mugica le inculcaron un carisma de concientización social que no fue visto de buena manera por los grupos del poder económico y se evidenció en los asesinatos de ambos miembros de la Iglesia Católica, tiempo después. Eran años difíciles, de plomo. Pertenecer al MSTM significaba tener que enfrentarse a la dictadura militar, que se había adueñado del poder en 1976 tras derrocar el gobierno de Isabel Perón.

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Una conjetura cuenta que Emilio Barletti, uno de los seminaristas asesinados, habría pertenecido a la organización Montoneros. Hoy es difícil saber si esto fue o no cierto. Lo concreto que se puede afirmar es que días previos al asesinato de los cinco mártires hubo una serie de atentados con explosivos a objetivos militares y debido a esta acción, supuestamente organizada por el grupo extremista, habría corrido la orden de parte de la cúpula militar para efectuar una suerte de venganza en las filas montoneras. Otra suposición denota la participación de vecinos de la Parroquia San Patricio y su posible vinculación con miembros de las fuerzas militares de aquel entonces. Particularmente, con simpatizantes de la Triple A (Agrupación Anticomunista Argentina).

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¿Fantasía o realidad? Es difícil saberlo. Esbozos de una historia sin final, pero sus nombres y recuerdos quedarán marcados a fuego y piedra en la memoria. Los cinco mártires siguen su vigilia eterna.

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Fuentes consultadas:

La Masacre de San Patricio, de Eduardo Kimel.

El Honor de Dios, de Gabriel Seisdedos.

Nunca Más. Informe de la CONADEP.

www.periodicoelbarrio.com.ar

www.fivemartyrs.org

www.thesoutherncross.com.ar

www.elortiba.org/sanpa.html

eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

Nota: Se que es un articulo extenso , pero creo que lo merece

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¿así se matan las ideologías, con 23 balazos?

ahhh , me olvidaba “algo habrán hecho “….

Nos guste o no, esto es parte de la historia Argentina …