La luna, madre encorvada, pidió a su hijo:

- No sé dónde anda tu padre. Llévale noticias de mí. Partió el hijo en busca

del más intenso de los fuegos. No lo encontró en el mediodía, donde el sol bebe su vino y baila con sus mujeres al son de los atabales. Lo buscó en los horizontes y en la región de los muertos. En ninguna de sus cuatro casas estaba el sol de los pueblos tarascos.

El Lucero continúa persiguiendo a su padre por el cielo. Siempre llega demasiado temprano o demasiado tarde (*).

(*) Extraído de Eduardo Galeano, Memorias del Fuego, Ed. Siglo XXI

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¿Por qué siempre llega demasiado tarde o temprano?

Como nos relatan en su hermosa historia los antiguos pobladores de la América precolombina, el Lucero (el planeta Venus) puede verse nada más que poco antes de la salida del Sol, o poco después de la puesta del mismo.

Todos los pueblos antiguos conocían esta característica del Lucero, y muchos también habían notado que a veces podía vérselo acompañado por otro cuerpo de menor brillo, pero que se comportaba de modo similar: el planeta Mercurio.

Mercurio y Venus

Son los dos planetas más cercanos al Sol. Mercurio tarda nada más que 88 días en dar una vuelta completa a su alrededor y Venus tarda 225 días en hacer lo propio. Por ser sus órbitas más pequeñas que de la Tierra, ello hace que al verlos desde nuestro planeta siempre estén próximos al Sol.

Las consecuencias más evidentes en lo cotidiano es que tanto Venus como Mercurio sólo pueden ser vistos antes del amanecer, o bien después del atardecer, dependiendo de qué lado estén en sus órbitas con respecto al Sol.

En los primeros días de agosto, ambos planetas están al este del Sol, por lo que sólo podemos verlos poco después de la puesta, es decir; primero se pone el Sol, luego se pone Mercurio, y finalmente se pone Venus, el “lucero vespertino”.

Queremos invitarlos a seguir la evolución de estos planetas en el cielo del atardecer, gozar con ellos y tratar de comprender un poco mejor los movimientos de los planetas en el Sistema Solar. Seguramente, mientras observamos a Mercurio y Venus, podremos darnos cuenta que cada tanto aparece como invitada de lujo una hermosa Luna cenicienta, y ante tanta belleza podremos comprender a aquellos pueblos que eligieron a esa Luna y al Lucero como símbolos de sus banderas.

Néstor Camino

“El rastro del Choike” Esquel (Chubut)

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nota de la que publica : lindas las historias sobre la luna, las estrellas, el cielo , pero mas

lindas que leerlas es mirarlas ¿ no? ¿ Miran alguna vez a las estrellas?